Hay quien que piensa que un emprendedor es aquel recién titulado universitario que tiene una gran idea de negocio y la lleva a cabo. Otros, sin embargo, lo extienden a cualquier persona, con independencia de su situación económica y sociocultural, que tenga una idea, ya sea pequeña o grande, y la lleve a cabo.
Pueden ser todos o ninguno. Por un lado, un chico puede estudiar su carrera, tener una idea magnífica, verse rodeado al instante de inversores hambrientos (business angels) y comenzar una vida empresarial llevado por la inercia, como cuando pasó de secundaria a bachiller y de bachiller a la universidad. Eso no es emprender... Por otro lado, un hombre de mediana edad puede verse en el paro durante 6 meses y sin esperanza de conseguir un empleo. Desesperado con una familia a la que alimentar decide pedir toda su ayuda de desempleo junta para montar un pequeño negocio con la esperanza de ir tirando. Eso no es emprender...
Ambos tienen, cada uno, su mérito, ¿qué duda cabe? Tienen las mismas posibilidades de convertirse en empresarios de éxito, por supuesto. Ambos pasarán vicisitudes (el segundo más, evidentemente), tendrán que esforzarse mucho (el segundo más...), a los dos les costará llegar a la cima que se marquen (al primero menos...).
Con el permiso de aquellos, ser emprendedor es otra cosa.
Cuando le preguntamos a un niño pequeño qué quiere ser de mayor, unos quieren ser informáticos, otros fontaneros, albañíles, biólogos... ¿Cuántos niños dicen "papá yo quiero tener mi propia empresa"?
Ser emprendedor es una vocación como otra cualquiera. De acuerdo en que dicha vocación puede llegar a una edad temprana u otra más madura, pero de ninguna manera llegará provocada por la inercia circunstancial ni por la desesperación. Empresarios, miles. Emprendedores, menos.
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